Cataluña: punto y aparte

Una vez que los secesionistas han declarado que renuncian a la vía unilateral de independencia y que esta queda aplazada sine die, no es cosa de hacer leña del árbol caído. Tras la confesión de Puigdemont de que “se equivocó en el análisis”, ¿se pueden hacer más chistes de quienes  creyeron montar en caballo y se cayeron de un burro?

Comprendamos el triste caso, responsabilidades penales al margen. Es evidente que los líderes independentistas del Parlament y adláteres no mintieron a sus paisanos, como se les suele acusar, sino que se equivocaron, ya que, si sabían a priori que la independencia era imposible y  no podían ignorar las consecuencias personales que la derrota les acarraría en aplicación de la ley en un Estado de derecho, promoverla habría sido una estupidez.  Por mucho que la clase política esté desprestigiada y haya tontos en Cataluña como en otras regiones, no se sostiene dentro de lo humano aceptable. Lo más lógico y piadoso es pensar que actuaron convencidos de que la bien conocida conciencia identitaria del pueblo catalán y las manifestaciones multitudinarias que el fervor pasional habría de pone en movimiento haría que el Gobierno de la nación le permitiera un referéndum y tuvieran la esperanza de ganarlo. La crisis económica y el  descrédito del partido del Gobierno de Rajoy acosado por la corrupción abonarían sus posibilidades. Gran error en el análisis. Esta misma posibilidad habría de ser  un factor en su contra. Raro es que cualquier Gobierno acepte la secesión de una parte de su terrritorio nacional y mucho más si, al impedirla,  puede distraer u ocultar sus propias acciones. Y pocos países hay como España con una historia de varios siglos de intentos secesionistas o luchas por fueros o privilegios. A la “España invertebrada” de Ortega y Gasset, la vertebración a sangre y fuego ha sido la respuesta. Si los independistas catalanes olvidaron su propia historia es que desconocen también que el internacionalismo de las multinacionales está de moda y no el provincialismo pequeño burgués.

Pero si el Gobierno de Rajoy no ha hecho más que seguir un guión rayado, no se olvide que las ideas vuelven como las cigüeñas al campanario. Resalto el ejemplo de Abraham Lincoln, quien en 1862, en plena Guerra de Secesión, escribió  en el Tribune de New York: “Mi objetivo primordial en esta lucha es la salvación de la Unión, y no el salvar ni destruir la esclavitud. Si pudiera salvar a la Unión sin liberar a ningún eslavo, lo haría; y si lo pudiera conseguir con la liberación de todos los esclavos, también.”  Y en esta contumacia se inscribe el  incidente de la reacción supremacista blanca sureña de hace solo unos meses con varios negros asesinados por el intento del Ayuntamiento de  Charlottesville  de retirar de la vía pública la estatua del general confederado Robert E. Lee. Y, si quieren mayor ejemplo, piensen en la creación del Estado de Israel tras dos mil años de Diáspora del pueblo judío.

En fin, la política deberá, pues,  encauzar las aspiraciones identitarias del pueblo catalán (y de los otros que andan en quejas de agravios comparativos) en un engranaje constitucional que satisfaga a todos los españoles sin romper la unidad de España y que el invento dure otros quinientos años y un día.

 

 

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo Artículos (Nacional)

¿Para morirse de risa?

Todo cambia. Lo dijo Heráclito: << En los mismos ríos entramos y no entramos, [pues] somos y no somos [los mismos]>>. Esto parece irrefutable. Recojo unos ejemplos.

Fíjense lo que se le ocurrió escribir a Ramón J. Sender cuando en 1933 viajó a la URSS:  <<Las últimas banderas rojas, tremolando bajo el cielo, nos despedían, Yo pensaba casi en voz alta: Ahí queda ese enjambre afanoso de hombres nuevos con la misión abrumadora de edificar otra humanidad […] Trabajad, construid […] Yo he visto la alegría de las multitudes en los parques, la seguridad simple y confiada de las madres en los jardines de infancia […] Seguid tranquilos trabajando […] No hay en el mundo quien pueda con todo esto […] El triunfo será vuestro>> (Madrid-Moscú. Notas de viaje (1933-1934). Pero en 1955 en uno de sus artículos para la American Literary Agency afirma: <<El maravilloso pueblo ruso no ha conocido nunca la libertad. En toda su historia se registra solo un corto espacio de algunos meses entre febrero y octubre de 1917>>. Son fechas anteriores al estallido de la Revolución Rusa, que en estos días se cumplen los 100 años. Sigue leyendo

Deja un comentario

Archivado bajo Artículos (Nacional)

La quimera secesionista

La decisión de enviar a prisión sin fianza a Oriol Junqueras y a los consejeros del  Gobierno de Cataluña que se habían desplazado a Madrid citados por la juez Lamela, no por temida, ha dejado de sorprender por su dureza y avivado de nuevo la hoguera del independentismo. Los líderes encarcelados repiten los llamamientos a las manifestaciones pacíficas y confían en las elecciones convocadas el 21-D por el Gobierno tras la implantación del Art. 155. Pero, esa muchedumbre que les sigue, ¿aguantará o se creará un estado de descontento y rebeldía que las ponga en entredicho? Porque se repite mucho el carácter pacífico de los catalanes en general, pero existen muchos episodios que niegan este supuesto carácter. Remito a la historia y, en su apoyo de ficción, a ese capítulo del Quijote en el cual cogiéndole la noche de camino a Barcelona al hidalgo y a su escudero, le preguntó d. Quijote a Sancho de qué tenía miedo, a lo que este respondió que todos aquellos árboles estaban llenos de pies y de piernas, a lo que le dijo d. Quijote que <<esos pies y piernas que tientas y no ves sin duda son de algunos forajidos y bandoleros que en estos árboles están ahorcados…, por donde entiendo que debemos de estar cerca de Barcelona>>. El bandolero Roque Guinart les dio ejemplos a los dos manchegos del por qué él se andaba en aquel oficio. Muchos otros momentos de violencia y represalia han sacudido la nación catalana, por bandolerismo o por luchas sindicales o políticas, si no es que todo viene del mismo corte. Sigue leyendo

Deja un comentario

Archivado bajo Artículos (Nacional)

Y Heráclito no se equivocó

¿Se puede decir algo original sobre el problema catalán, algo que no haya sido ya convertido en papilla y vomitado en radio, prensa, tv y parloteo de tasca?  ¿Queda alguna conjetura, hipótesis, aserto rotundo, profecía o lamento, vocablo o vituperio que aportar a este capítulo triste de nuestra historia? Hay al parecer una evidencia: que Puigdemont ha declarado la DUI y Rajoy le ha respondido con el Artículo 155. ¿O ha sido al revés? Esta pregunta vale para conocer dónde se coloca usted y yo mismo, pero no añade mucho al caso. Porque una vez posicionado, ¿qué? Pues lo importante, me parece a mí, es no moverse. Fíjese que, si ha seguido el problema  catalán por los medios de comunicación, y no parece posible que lo haya evitado, y haya  prestado crédito a las declaraciones de unos y otros y a los análisis de estos y aquellos, habrá comprendido que la llamada “Ley del cambio” de Heráclito ha sido refutada por un principio superior que  está a cincel en nuestra dura mollera: el sostenella y no enmendalla.  ¡Qué castizos son Rajoy y Puigdemont! ¿O no es verdad que una de las cosas que más nos engrandecen es sentir orgullo y jactarnos por mantener nuestras convicciones llueva o escampe?  Una prueba: ¿Hay alguien ahí, a su lado, que haya dado su brazo a torcer y reconozca que el “suflé” ha subido tanto que le ha explotado en las narices? Nadie, ¿verdad? Y en esas estamos: ahítos del problema catalán hasta reventar. Sigue leyendo

Deja un comentario

Archivado bajo Artículos (Nacional)

Juan Bernier, desnudo en un poema

Tras el pionero estudio de Guillermo Carnero sobre el grupo poético Cántico, algunos aspectos de esta poesía se han desatendido al englobarla en las directrices que el crítico señalaba y que resumía así: <<Acaso la tendencia más relevante de Cántico sea la abrumadora presencia de un intimismo que, si bien procede de las emociones y experiencias de la vida cotidiana, se expresa al margen de todo realismo y de todo descriptivismo directo de sensaciones o sucesos. Por esta razón puede aplicársele el calificativo de culturalista>>  (1). Y,  pese a que observa que en muchas ocasiones tanto los poetas del grupo como los colaboradores de la revista rompen estos postulados salidos de la pluma teórica y pragmática de Ricardo Molina, la etiqueta se mantiene. Sigue leyendo

Deja un comentario

Archivado bajo Ensayos (Crítica literaria)

Yo también soy español

Ha llegado el momento, hiberus ferox.  Coja la bandera, envuelva sus desnudeces con ella,  échese a la calle sin complejos, a ser posible con un pedazo de pan y buen tocino para que los vecinos vean  que es cristiano viejo,  saque pecho y grite conmigo: ¡Soy español, español, español! Uno es de donde nace, ¡qué remedio!

Yo lo soy porque lo fueron mis padres y lo ratifica mi DNI. Pero en realidad lo soy porque me empeñé en ello. ¿Qué me hubiera costado haberme hecho yanqui cuando pude o vagar apátrida? A mí, eso de Horacio Quiroga de que su patria estaba allí donde brillara un rayo de amor y de justicia, me molaba de niño. Y de mayor consideré acertado  lo que dijo el insigne Samuel Johnson: que el patriotismo es el último refugio de los sinvergüenzas. En España,  el patriotismo  es el eufemismo para el nacionalismo integrista de élites extractivas. Porque, ¿qué es ser español (o chino, para el caso)? Estoy tentado a decir que tanto eres como bienes tienes, pero sería injusto porque  hay españoles tan de esta geografía como los Montes de Toledo o el lince ibérico y que poseen poco más que su fuerza de trabajo; y multinacionales y fondos de inversión extranjeros que son dueños de  una tajada apreciable del país. ¿O no te explotan cuando vienen, te destrozan cuando se van y convierten la democracia en pura retórica? Pero no deja de ser evidente que presume más de españolismo quien tiene un cortijo y una buena jaca  que quien emigra con una mano atrás y otra delante. Yo lo soy, digo,  porque me siento contento con disfrutar de bienes intangibles, que tampoco está nada mal, como los patios cordobeses,  el silbo gomero o el Misterio de Elche.  Y Dios proveerá.

Pero también soy español por algunas lecturas de españoles que elevaron mi espíritu, como sería el caso del padre Bartolomé de las Casas, que denunció el maltrato a la población indígena en la Colonización: o Cervantes, gloria de nuestras Letras, quien se atrevió a decir que “los españoles son muy amigos de lo ajeno”, pues ajenas eran aquellas tierras de las que los conquistadores se apropiaron por las armas, mientras a quienes en el terruño quedaron no les llegó más que mendrugos, capas remendadas y picas en Flandes. En Flandes, precisamente, todavía las madres asustan a los niños que no quieren dormirse con eso de “duérmete, niño, o viene el Duque de Alba”, que es como invocar al diablo.  Yo pasaría página.

Y soy español porque me ando en rebeldía y mi deseo sería hacer de mi capa un sayo o, lo que también es muy español, hacer mi santa real gana y mandar en mi casa. ¿Qué es una utopía? Pues no lo es menos el elogio que hizo el hidalgo don Quijote, esencia exportable de nuestra idiosincrasia, de aquella “Edad de Oro donde no existía  lo tuyo ni lo mío”.  Es una aspiración de muchos hombres y mujeres de estas tierras que han luchado por la Igualdad como Ley de leyes,  y  a la que me apuntó modestamente.   Abreviando, soy español  porque siento como una vergüenza lo que pasa en España: el desempleo de los débiles, la  corrupción de los poderosos, y los políticos ineficaces cuando no cómplices.

 

 

 

Deja un comentario

Archivado bajo Artículos (Nacional)

El dilema culé

 

Yo soy uno de esos que, cuando adolescente, salía del instituto Góngora y compraba cromos para mi álbum de la Liga en el kiosco de Las Tendillas o en el de Adela, que estaba antes de  llegar a Blanco Belmonte. Los del F.C. Barcelona  los repetía y recortaba las cabezas para pegarlas sobre el forrado tapón (o sansón en la jerga local) de las botellas. Ramallet, Biosca, Kubala, etc., Luego, jugaba en los portales partidos contra los del Madrid o del Español o del Bilbao. El balón era un garbanzo. Teníamos porterías metálicas con mallas, que me tejía una tía abuela, y un reglamento escrito con un árbitro para aplicarlo. En el patio del colegio, en las calles del barrio, en los descampados de las afueras, en las eras del  pueblo en los veranos, jugaba al fútbol alineándome con el equipo de los del F. C. Barcelona  contra los del Real Madrid. Nunca supe por qué me hice del Barcelona como mi hermano no sabría decir por qué se hizo del Español u otros amigos y vecinos del  Madrid.   Ninguno  teníamos demasiada conciencia política para  esa preferencia.  Imitábamos en el juego una realidad deportiva, eso era todo. La política vino después y, cosas extraña,  los madridista en gran parte se hicieron con la edad de derechas y centralista y los barcelonistas de izquierdas y periféricos. No digo independentistas porque no estaba en el vocabulario de la época ni venía adjunto al término culé.  Esta realidad es sentida ahora por los culés como un fraude, si bien es verdad que algo de culpa tuvimos nosotros, que no supimos interpretar ese lema de que el Barça es “més que un club” cuando nos hicimos padres y abuelos.  Ahora lo sabemos bien y estamos, como se suele decir, con los patas colgando. Sigue leyendo

Deja un comentario

Archivado bajo Artículos (Nacional)