Fotógrafos

Era la hora de los documentales. Una manada de elefantes. Terrizos. Dignos. Majestuosos. Recorren decenas de kilómetros para saciar la sed en un riachuelo fangoso. Luego, por una sabana de estío, polvorienta,  vuelven al sitio de alimentos. Diariamente.   La  cámara sigue a una madre con un elefantito de días. Tan pequeño como una figurita de madera. Produce ternura verlo. Y preocupación: se tambalea.  Apenas puede mantenerse en pie. La madre trata de ayudarle, le empuja suavemente con la trompa.  Avanza dando traspiés. La voz en off narra esta dificultad, anticipa la tragedia.  Así unos minutos agónicos. El animalito se detiene, apoya  su trompita en el suelo, se pone patas arriba, pero por la ley de la gravedad da una pirueta completa, circense,  espectacular,  de aplauso, y cae.  Está muerto.  La madre se queda un rato a su lado. La manada aguarda… Sigue leyendo

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Sermón de Navidad

 

 

Siempre es capital la estadística del consumo, pero en Navidad aumenta la preocupación porque el consumo no disminuya.  ¡Buena sería esa noticia para el crecimiento económico! Así es que el sistema despliega toda su capacidad de persuasión para que el comprar sea un fin en sí mismo, independientemente de las necesidades  que satisfaga. No es que no haya necesidades, ni haya desparecido el paro, los trabajos basura, los pobres o la sopa boba,  sino que se hace un paréntesis y se incrementan las necesidades y la paga para que la gente colabore con el sistema en su calidad de consumista.  Y así andamos estos días, como burros cargados de serones con baratijas, arreados por los capataces en marketing. Después de vender su fuerza de trabajo, la de comprar es la más necesaria función de los trabajadores (las clases ociosas juegan en otra liga) en el engranaje de producción de la máquina y cualquier ocasión la pintan calva: por estas fechas hemos empaquetado a la familia cristiana con la comunidad  capitalista en un tótum revolútum y el sentimiento de religare va del grupo humano al objeto ofrecido en venta. No hay más que comparar el fervor casi místico que despiertan en nosotros las mercancías en los escaparates con la alegría que aflora a nuestros rostros al compás de los villancicos, los anuncios publicitarios, el alumbrado de las calles y la irresistible tentación de poseer y consumir cosas para ser felices por el nacimiento del Niño-Dios.  Sería mentir afirmar que sabemos claramente separar la trascendencia de la muerte del fetichismo del objeto, que no confundimos el portal de Belén con el supermercado. Sigue leyendo

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¡Ay, Jerusalén!

Los judíos solían durante siglos despedirse unos a otros con la voluntad inquebrantable de: “Mañana en Jerusalén”. En 1947 proclamaron el Estado de Israel en Palestina, se dividieron Jerusalén con los musulmanes y situaron su capital en Tel Aviv. Jerusalén quedó dividida. Provisionalmente.  En 1967, en un acto de guerra ocuparon  Cisjordania, los Altos del Golán y Jerusalén-Este, en poder de los palestinos, y ningún acuerdo ha logrado restablecer las fronteras de 1947 ni la  paz en Palestina. Uno de los puntos del conflicto es, pues, Jerusalén.

En el himno de Israel se canta que mientras que las ideas se concentren en Sión no estará perdida la esperanza de volver a la Tierra Prometida. Y las ideas, ¡ah!, las ideas son eternas y tienen que dominar todo el espacio, impregnar el aire, santificar los muros, bendecir los animales en el sacrificio,  recolectar vides y olivos, hornear el pan ácimo  y recuperar Sión. He aquí el corazón de Israel, la esperanza consumada.  Jerusalén no puede ser una parte musulmana en el Este. Jerusalén tiene que ser Sión, la ciudad santa que fundó el rey David.

¿Qué le ha llevado a Donald Trump a reconocer  a Jerusalén como capital política del Estado de Israel y encender Palestina y, por extensión, el mundo árabe?   Ya en 1980 una ley declaró a Jerusalén como “capital indivisible” de Israel, lo que era una anexión de hecho, pero ningún presidente de EEUU se había atrevido a apoyar la declaración oficialmente. Sin duda, el poder del lobby judío es grande y en sintonía con los intereses de EEUU en la defensa del Estado de Israel y, según el NY Times, la perseverancia y presión de los cristianos evangelistas, un sector de los judíos americanos y otros grupos políticos de la derecha, unidos para demandar que EEUU apoye abiertamente a Israel  en el conflicto, han logrado que Trump tome partido. Si el YN Times no ve nada más, no voy a hacerlo yo.

¿Qué pasará, pues? Para mí, que nada. Yo tengo la sospecha de que se consumarán los hechos y los mismos gobiernos y opiniones que hoy se escandalizan en Occidente, y los que  se manifiestan en protestan  o tiran piedras en Oriente, retirarán las palabras y ocultarán las piedras, se contarán los heridos y los muertos, y santas pascuas.

Yo estoy tentado a protestar, pero  Lola Bañón nos advierte en su libro Palestinos que, al hablar del conflicto israelí-palestino, se le puede tachar  a uno de haber traspasado esa línea que  desde el Holocausto ha paralizado pensamientos y plumas. Como si se tratara del mundo que describe Kafka en El proceso, esa línea,  que determina  la amenaza y la condena, surge de poderes invisibles cuyo sentido nunca se llega a conocer y  antes los que el individuo es impotente. Sultana Wahnón ha estudiado amplia y brillantemente este proceso en el caso del judío Josef K. Solo que la historia ha dado la vuelta y es ahora al gentil a quien va dirigida la advertencia de Bañón.  No pensar después Auschwitz en la línea de Targuiff y “el nuevo antisemitismo”, tratar de opinar desde la conciencia libre y crítica, censurar las acciones políticas (y militares)  del Gobierno israelí es ganarse la condena de izquierdista. La izquierda es el enemigo, lo que viene a demostrar el espacio ideológico donde se sitúa el sionismo. De poco vale el razonamiento de Elizabeth Roudinesco en A vueltas con la cuestión judía de que <<si todo antisionismo se identifica con un antisemitismo, entonces se corre el riesgo de confundir al que se opone a una política con el que odia a los judíos>>. De poco o nada. El mañana es hoy.

 

 

 

 

 

 

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El feminismo en Lucía Etxebarría

Lucía Etxebarría se confiesa feminista. Como señala Linda Hutchenon, dentro del calificado  “posmodernismo”, el feminismo, junto con otros movimientos que cuestionan la homogenización cultural, arranca en los años ´60 del pasado siglo.  Es aquí cuando, por ejemplo, deja de aceptarse el androcentrismo, que excluye a las mujeres.  En palabras de Hutchenon, <<fue durante la Contracultura cuando se empezó a inscribir en la historia los grupos hasta entonces “silenciosos” definidos por diferencias de raza, genero, preferencias sexuales, etnicismo, clasismo…>> Si el modernismo hacía énfasis en el concepto de alineación, el posmodernismo lo hace en el de descentrar (es decir, marcar la diferencia), pues el centro es visto ahora como una construcción, como una ficción y no una realidad fija e inalterable. Las oposiciones binarias: blanco/negro, hombre/mujer, intelecto/cuerpo, este/oeste, occidental/musulmán, etc., no son más que una forma de  primar el primer término sobre el segundo. Con esta denuncia,  el camino quedaba abierto a la multiplicidad y a la diferencia.  Negros y feministas, étnicos y gays, nativos y culturas del tercer mundo, constituyen ahora una variedad de respuestas a la  anterior percepción común de marginalidad y de excentricidad. El centro desaparece y las ideas, el arte y la literatura se hacen excéntricas, periféricas. Sigue leyendo

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Cataluña: punto y aparte

Una vez que los secesionistas han declarado que renuncian a la vía unilateral de independencia y la confesión de Puigdemont de que “se equivocó en el análisis”,  es hora de exponer nuestro análisis aún a riesgo de equivocarnos.  Porque no es poco riesgo ir contracorriente y opinar que los líderes del Procés no mintieron a sus paisanos, como se repite machaconamente, sino que se equivocaron de medio a medio, pues si sabían a priori que la independencia era imposible y no podían ignorar las consecuencias personales que la derrota les acarrearía en aplicación de la Ley en un Estado de derecho, promoverla habría sido una estupidez.  ¿No es esto de sentido común? Puede que el seny catalán sea otra cosa, pero ahí no llego.

Lo más lógico y piadoso es pensar que actuaron convencidos de que la bien conocida conciencia identitaria del pueblo catalán y las manifestaciones multitudinarias que el fervor pasional habría de poner en movimiento haría que el Gobierno de la nación le permitiera un referéndum y tuvieran la esperanza de ganarlo. La crisis económica y el  descrédito del partido del Gobierno de Rajoy acosado por la corrupción abonarían sus posibilidades. Gran error en el análisis. Esta misma posibilidad habría de ser  un factor en su contra, ya que le daría munición a Rajoy. Por demás, raro es que cualquier Gobierno acepte la secesión de una parte de su territorio nacional, y pocos países hay como España con una historia de varios siglos de intentos secesionistas o luchas por fueros o privilegios. A la “España invertebrada” de Ortega y Gasset, la vertebración por las bravas ha sido la respuesta. Si los independistas catalanes olvidaron su propia historia es que desconocen también que el internacionalismo de las multinacionales está de moda y no el provincialismo pequeño burgués, que el liberalismo ha sido  sustituido por el neoliberalismo y el romanticismo por el posmodernismo.

Pero si el Gobierno de Rajoy no ha hecho más que seguir un guión rayado, no se olvide que las ideas vuelven como las cigüeñas al campanario. No voy a insistir en el hecho bien conocido de que Abraham Lincoln, pese al mito que se ha vendido, declaró en plena Guerra de Secesión que el objetivo era salvar la Unión y no la liberación de los esclavos. Y la salvó, Pero todavía, después de 155 años, los sureños matan para que no retiren de la vía pública la estatua del general confederado Robert E. Lee, y varios Estados siguen promoviendo iniciativas populares de independencia. (Aunque para perseverancia  la creación del Estado de Israel después  de dos mil años de diáspora del pueblo judío).

En fin, la política deberá, pues,  encauzar las aspiraciones identitarias del pueblo catalán (y de los otros que andan en quejas de agravios comparativos) en un engranaje constitucional que satisfaga a todos los españoles sin romper la unidad de España y que el invento dure otros quinientos años y un día.

 

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¿Para morirse de risa?

Todo cambia. Lo dijo Heráclito: << En los mismos ríos entramos y no entramos, [pues] somos y no somos [los mismos]>>. Esto parece irrefutable. Recojo unos ejemplos.

Fíjense lo que se le ocurrió escribir a Ramón J. Sender cuando en 1933 viajó a la URSS:  <<Las últimas banderas rojas, tremolando bajo el cielo, nos despedían, Yo pensaba casi en voz alta: Ahí queda ese enjambre afanoso de hombres nuevos con la misión abrumadora de edificar otra humanidad […] Trabajad, construid […] Yo he visto la alegría de las multitudes en los parques, la seguridad simple y confiada de las madres en los jardines de infancia […] Seguid tranquilos trabajando […] No hay en el mundo quien pueda con todo esto […] El triunfo será vuestro>> (Madrid-Moscú. Notas de viaje (1933-1934). Pero en 1955 en uno de sus artículos para la American Literary Agency afirma: <<El maravilloso pueblo ruso no ha conocido nunca la libertad. En toda su historia se registra solo un corto espacio de algunos meses entre febrero y octubre de 1917>>. Son fechas anteriores al estallido de la Revolución Rusa, que en estos días se cumplen los 100 años. Sigue leyendo

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La quimera secesionista

La decisión de enviar a prisión sin fianza a Oriol Junqueras y a los consejeros del  Gobierno de Cataluña que se habían desplazado a Madrid citados por la juez Lamela, no por temida, ha dejado de sorprender por su dureza y avivado de nuevo la hoguera del independentismo. Los líderes encarcelados repiten los llamamientos a las manifestaciones pacíficas y confían en las elecciones convocadas el 21-D por el Gobierno tras la implantación del Art. 155. Pero, esa muchedumbre que les sigue, ¿aguantará o se creará un estado de descontento y rebeldía que las ponga en entredicho? Porque se repite mucho el carácter pacífico de los catalanes en general, pero existen muchos episodios que niegan este supuesto carácter. Remito a la historia y, en su apoyo de ficción, a ese capítulo del Quijote en el cual cogiéndole la noche de camino a Barcelona al hidalgo y a su escudero, le preguntó d. Quijote a Sancho de qué tenía miedo, a lo que este respondió que todos aquellos árboles estaban llenos de pies y de piernas, a lo que le dijo d. Quijote que <<esos pies y piernas que tientas y no ves sin duda son de algunos forajidos y bandoleros que en estos árboles están ahorcados…, por donde entiendo que debemos de estar cerca de Barcelona>>. El bandolero Roque Guinart les dio ejemplos a los dos manchegos del por qué él se andaba en aquel oficio. Muchos otros momentos de violencia y represalia han sacudido la nación catalana, por bandolerismo o por luchas sindicales o políticas, si no es que todo viene del mismo corte. Sigue leyendo

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