El paro y el trabajo

Hace unos días en una plaza oí unos gritos. Alarmado miré: eran gritos de júbilo que una joven daba. Como se abrazaba a una persona que vendía cupones en la esquina, pensé que le habría tocado la lotería y que debía ser un buen pellizco por el modo que exteriorizaba el sentimiento. Se plantó en medio de  la calle y, excitada,  empezó a  hablar por el móvil, daba saltitos y pequeñas carreras de un lado para otro, como alocada. La gente en las terrazas y viandantes se miraban extrañados. Me acerqué al lotero y le pregunté cuánto le había tocado a la afortunada.<<No es la lotería. Es que le han dado un trabajo>>. <<¿Un trabajo?>> <<En un bar, de esos que venden montaditos>>, me aclaró, feliz por la suerte de la mujer a quien conocía de venderle cupones. Algunos extranjeros que oyeron el caso, estaban estupefactos.

Y es que, si usted estuviera en paro, ¿qué pediría? Trabajo, ¿verdad?  Y si usted y su mujer y sus hijos en edad laboral estuvieran en el paro, pedirían ¡un trabajo ya! Y si tuviera un trabajo de esos que llaman precarios, pediría un trabajo a tiempo completo con un salario justo que le permitiera vivir con dignidad. Es decir, pediría ¡trabajo! Desde que yo sé y hay estadísticas el paro es la principal preocupación de los españoles con gran diferencia respecto a cualquier otra que se saquen de la manga los políticos. Preocupación que te hace vivir en un estado de angustia permanente. Y si encuentra un trabajo aunque sea precario, de esos que te enlomas en jornadas de diez o doce horas por un salario de miseria, es como si te hubiera tocado la lotería, ¿verdad? Sigue leyendo

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Autobiografía inacaba

Quien nace lechón, muere cochino

(Dicho popular)

 

 

En los archivos de mi padre en el ordenador encontré este escrito:

 

Yo no pedí nacer, me nacieron. Y, en mi crecimiento hacia la madurez y conciencia, llegaría un momento en el que debí preguntarme si merecía la pena seguir o no viviendo y debí decidir que sí, que adelante,  porque ahora estoy tratando de explicarme cuál fue ese punto de inflexión en el que pasé de una relativa felicidad  y optimismo al estado de postración y desánimo en el que me hallo. Lo primero que  busco en mi memoria es ese momento inicial, esa epifanía, aunque sospecho que pudiera haber habido otros, que mi vida ha sido larga y accidentada. Ya veremos qué sale.

Me coloco en una esquina de mi estudio, cierro los ojos, me concentro,  activo el recuerdo, como le escuché decir a José María Gironella una tarde de mi juventud que él hacía para recordar y escribir sus novelas, y aparecen, imágenes, escenas, escucho palabras, veo lágrimas y risas, fogonazos de luces y sombras, y no distingo claramente… Tengo entendido que la memoria tiene huecos que hay que rellenar con otras experiencias, que no se recupera en su prístina verdad lo vivido en el tiempo pasado.  De ser así, quiere decir que nos hacemos trampas, nos engañamos, si no en todo,  en parte, y esto me plantea un problema de entrada: desconfiar de lo que uno lee o escribe cuando trata de rememorar lo vivido: la ficción se cuela siempre en el hueco neuronal. Así es que me esmeraré y me estrujaré las neuronas para destilar cuanta verdad contengan. Sigue leyendo

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La felicidad de los pueblos

¿Qué es la felicidad? Trump declara, eufórico por ser exonerado de la conexión rusa para adulterar las elecciones de 2016 en las que ganó la presidencia, que “EEUU es el mejor país del mundo”.  Es obviamente una valoración subjetiva. Pero la felicidad tiene otros parámetros. La ONU mide el FIB del mundo (Felicidad Interna Bruta, que, como el PIB, no se reparte a todos los ciudadanos por igual) y EEUU anda por el puesto 19. España por el 32, lo que parece lógico si consideramos que el riqueza de las veinte personas más ricas de este país nuestro iguala a la de los 14 millone más pobres. ¿Puede ser feliz un país con estas desigualdades, altas tasas de desempleo, salarios de hambre y montañas de corrupción? Tenemos sol, sí, y somos longevos y chistosos, pero ¿felices? Una vez le oí decir a un poeta, en aquellos años de miseria de la dura posguerra, que la felicidad era <<una clara luz que creas en tu propia oscuridad>>, y aconsejaba: <<confórmate con lo que eres>>. No todos se conformaban o no siempre. Juan Bernier, por ejemplo, protestaba en su poema “Aquí en la tierra” y denunciaba que el hambre, que los ricos <<la tienen siempre saciada con los frutos del huerto del mundo>>, es para los de abajo <<hambre de duro pan como perros cuyas pupilas suplican ante la mesa blanca del amo>>. Es difícil imaginar a un hambriento feliz y a un pueblo hambriento pacificado. Sigue leyendo

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Incertidumbre en Argelia

En diciembre de 1990 el FIS (Frente Islámico de Salvación) había ganado las elecciones municipales y Argelia  era el ejemplo de un país seccionado y de cómo todos los medios para coserlo desde las cancillerías extranjeras era un lastimoso pregonar en el desierto. En diciembre de 1991 el FIS volvió a ganar en la primera ronda de las elecciones legislativas y en enero de 1992 se habría de celebrar la segunda vuelta que, presumiblemente, le daría de nuevo la victoria. Esos días  me encontraba con un colega en Argel,  tras un periplo por el  Tenezrouft que me llevó a Malí y Túnez. La vida en Argel discurría con normalidad: la policía vigilaba a las gentes aparentemente amodorradas en los cafetines pero con un ojo en la policía y otro en las musarañas. Al atardecer del 11 de enero salimos para Orán y a medianoche entraba en la otrora ciudad del imperio español cantando aquel romance del paisano Góngora: “Entre los sueltos caballo/de los vencidos Cenetes…/aquel español de Orán…” Iba yo agradecido a Norman Schwarzkopft por la paliza a Sadam Hussein en Kuwai, seguro de mí mismo, del poder de Occidente y de mi pasaporte con visado permanente de EEUU, cuando de pronto en la primera glorieta se nos hizo presente un tanque, como un animal diluviano al acecho de su presa. Y, luego, otro asomaba el cañón por una esquina, como la succionadora trompa de un insecto gigante. Y había tanquetas por doquier  y soldados que nos miraban pasar sin moverse: parecían de plomo, sin alma.. Acaricié la idea de que pudiera ser un golpe de Estado y que los franceses y los americanos estarían detrás y el resto del mundo occidental aplaudiría. Sigue leyendo

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Los dicharachos de Pablo Casado

Según lo veía Enmanuel Kant, el hombre es esa “cosa imprecisa y oscura”, una posibilidad de la evolución natural. Lo animal pervive en la forma humana, cubre sus desnudeces, recorre nuestras calles, da discursos y a veces derrama una lágrima, como los cocodrilos. Otros es más difícil buscarle el símil, que el monstruo está enraizado en la cultura, en el momento histórico.

¿Qué tipo de  animalidad había en Hitler y en aquellos nazis que escuchaban la música de Mozart a todo volumen para no oír los gritos de los gaseados en las cámaras de gas? <<¡Hitler es Alemania. Alemania es Hitler!>>, gritaba Rudolf Hess, presidente del Partido Nazis a las masas enfervorecidas creando un monstruo colectivo ante el cual palidece el más atroz imaginado en mitos y leyendas, en el bestiario anónimo Phylologus, en las autoterapias de tipo sicoanalítico de Cortázar o en el “jardín zoológico” de Borges, quien consideraba que “un monstruo no es otra cosas que una combinación de elementos de seres reales y que las posibilidades del arte combinatorio lindan con lo infinito”.  Cuando en 1934 Borges escribe estas palabras en el Prólogo a su Manual de zoología fantástica se le escapó  este monstruo. Hay animales que escapan a la imaginación humana en tanto y en cuanto no sepamos verlos o diferenciarlos de nosotros mismos, como les pasó a los alemanes del Tercer Reich o a los fascistas de nuestros lares. Sigue leyendo

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El cambio y las cerillas

La palabra “cambio” ha sustituido a “crisis”, dando a entender que la crisis ha desaparecido con el cambio político. Todo lo contrario: el cambio es la prueba de la crisis. Si las cosas marcharan bien, no habría que cambiar, ¿verdad? Cuando se elige a un Trump, un Bolsonaro, un Áder, por ejemplo, ¿no debemos entender que las cosas marchan muy mal, rematadamente mal? Los tres representan un cambio: la tolerancia por la xenofobia, la igualdad de géneros por el machismo, la justicia social por los privilegios del capital, y un largo etcétera. Entonces, cuando se eligen a políticos de extrema derecha, ¿queremos decir que las cosas irán a mejor o que la gente está tan desilusionada y desorientada que no sabe por dónde tirar y lo mismo le da un roto que un descosido? Más bien esto último, ¿no? Y si el pueblo mayoritariamente entregara el poder contra sus propios intereses -porque no puede interesarle la pérdida de sus derechos tan arduamente conseguidos-, la democracia está perdida. Sigue leyendo

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La muleta y el neoliberalismo

Con la democracia, la mayoría de los españoles habían obligado al fascismo a una travesía de 40 años por el desierto, de donde procede su primitivismo bárbaro y feudal, y se creían a salvo.  Pero estaban equivocados: el neoliberalismo lo alimenta en su seno y aquí llevamos tragando neoliberalismo desde hace años, así es que todo ha sido un espejismo, un engaño de trileros. ¿Dónde está la bolita? O sea, ¿dónde estaban los fascistas? Había que ver solo la cara de satisfacción de PP y C´s al conocer el resultado de las elecciones en Andalucía, como padres que reciben la noticia del feliz parto, para comprender que no le daba escrúpulos el recién nacido Vox. Es feo, sí, pero es su hijo. La socialdemocracia ha sido derrotada finalmente como posibilidad de una sociedad libre, justa y democrática.  Y me temo que no solo en Andalucía ¿Las causas pudieran ser porque la socialdemocracia, aquí y en media Europa, no ha parido las esperanzas que el pueblo trabajador depositó en ella? Felipe González  relativiza la respuesta ante el fenómeno declarando que “España deja de ser una anomalía” – y ya tenemos nuestra parte alícuota del fascismo que nos corresponde por PIB dentro de la UE.  Un alivio. Sigue leyendo

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