Futuro incierto

La noche de la contundente victoria de Pedro Sánchez a la Secretaría General del PSOE sus partidarios en la puerta de la sede del  partido en Ferraz, eufóricos, coreaban ¡Presidente!, ¡Presidente! No dejaba de chocar aquel optimismo, aunque  la verdad es que la amplísima cobertura de los medios de comunicación a esta convocatoria, como si realmente se tratara de unas elecciones generales, pudiera justificar este adelanto del futuro ansiado entre sus correligionarios y necesario para una revitalización de las políticas de izquierdas. Animaba mucho a las gentes de izquierda su “no es no” radical a Rajoy, las críticas a las políticas de austeridad, y ese canto de la Internacional con el puño alzado con el que terminaba Pedro Sánchez los mítines en las primarias. ¡Ah, cómo emborracha todavía ese vino viejo en odres nuevos! Sigue leyendo

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Los mutatantes, las tijeras y la aguja

 

Iba yo a escribir un artículo dando un ¡Vive La France y el sistema!, cuando Jacinta, mi amiga la verdulera, me dijo que a ella el tal Macron le parecía un mutante. ¿Un mutante? Su observación se basaba en el aspecto físico del flamante presidente francés, sobre todo en esos ojos azules metálicos que confiesa le atemorizan.

-A usted, ¿qué le parece? ¿Cree que se puede confiar en él, solo porque el tomate de Le Pen no esté aún maduro?

Jacinta tiene este modo de expresarse y me quedé meditativo. ¿Un mutante? La verdad es que no se sabe dónde acabará Macron aunque sí de donde viene: pertenecía a la Banca  Rothchild, la dejó y se metió a político sin serlo, fue ministro de Economía y Hacienda con Holland, se salió a medio mandato y se presentó en un movimiento creado ad hoc y ganó, dejando al PSF hundido y llevándose sus votos que unió con los  republicanos de derechas de Fillon tocado por la corrupción. O sea, que cortó y zurció. Mutó. Y en un movimiento casi de ciencia-ficción política se cargó a los conservadores y a los socialdemócratas que habían dominado la escena política de la V República. Su victoria estaba cantada no obstante, porque le pusieron enfrente a Le Pen, que es, en expresión de Jacinta, “una mala hierba”.   Sigue leyendo

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La corrupción no es un juego

Es lógico pensar que, desde un punto de vista ético, los recientes escándalos de corrupción en el PP hayan creado una alarma social y que el presidente, señor Rajoy, deba dar explicaciones. Sin embargo, en la reciente conferencia de prensa tras la cumbre de Bruselas del G27, a la pregunta de un periodista al presidente Rajoy de si creía que estos escándalos  de corrupción de su partido pudieran afectar a la gobernabilidad, el presidente dio una larga cambiada y respondió con repetidos datos macroeconómicos.  España va bien. Y los jueces actúan y da por hecho que, quien lo hace, la paga.  No se asume ninguna responsabilidad política. Sigue leyendo

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Locos y ciegos

Si, más allá de las muchas calamidades que se padecen a diario, pensamos nuestro mundo con cierta perspectiva futura, la humanidad se enfrenta a dos amenazas apocalípticas: el calentamiento global y la destrucción atómica.  Puede que se relativice esta amenaza, no solo por los interesados en un negacionismo criminal y suicida que obedecen al instinto más egoísta del corto beneficio y “detrás de mí, el diluvio”, sino por los que, aun no siendo los responsables directos de estos peligros, habrán de sufrirlos de todos modos.   Es, pues, esta inmensa mayoría la que tiene que movilizarse para evitar, como dijo William Shakespeare en El Rey Lear, que los locos sigan conduciendo a los ciegos.  Porque cada vez se hace más evidente que esa genial imagen sigue reflejándonos hoy a los mortales: somos ciegos conducidos por locos. Sigue leyendo

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La responsabilidad de los abuelos

 

Hay libros  cuyo título plantea ya una interrogante y obliga a una respuesta. Tal ocurre con el último de Joaquín Estefanía, titulado Abuelo, ¿cómo habéis consentido esto? (Ed. Planeta, 2017). “Esto” es la situación en la que se encuentra el país, en especial los jóvenes. Estefanía detalla algunas cifras que, aunque conocidas, merecen repetirse. Según Eurostar, en 2016 la tasa del paro juvenil en España era del 45%, siendo la media de la UE del 19,4%. El paro juvenil de larga duración era del 39.2% y, de los que tenía trabajo, el  71,3%  eran  temporales, lo que “da idea –dice Estefanía- del tipo y calidad del empleo que están abocados los jóvenes”. Para más inri, de los jóvenes que trabajan, el 56,6%  desempeñan  trabajos por cuenta ajena inferior a su calificación profesional. Este derroche de formación a cuenta de las familias y el Estado va en la mochila de los cerca de un millón de jóvenes españoles que ha tenido que emigrar. Una verdadera sangría. Del paro en general, de la corrupción y otras lacras, qué les voy a decir. Al aplicar el Gobierno desde la Gran Recesión de 2007 las políticas de ajuste neoliberales, al dejar que los mercados sigan regulando la economía, no solo se ha ralentizado la recuperación económica y se ha  dejado de priorizar el pleno empleo, sino que el Estado se ha inhibido de su función correctora, ha perdido densidad democrática y ha sido gangrenado por la corrupción. Mientras unos pocos se han hecho más ricos, los jóvenes, de un futuro incierto, son hoy las víctimas. Sigue leyendo

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Corrupto capital

 

¡Los políticos nos roban!: he aquí el grito que recorre esta piel de toro y hace tambalearse sus cimientos democráticos, pues a medida que los fiscales acusan y la policía judicial aporta pruebas y los banquillos se llenan de investigados y los jueces condenan; a medida que más se afirma que la justicia funciona, que la ley es igual para todos, que vivimos en un Estado de derecho, más se hace evidente la magnitud del expolio, el escándalo ensordece y aumenta  la desconfianza hacia los partidos políticos y la desafección a la clase política. O sea, a medida que más se tira de la manta, más corrupción aparece y el esfuerzo mismo de la justicia revela la naturaleza  del sistema democrático que se trata de defender. Tremenda paradoja.  Y no parece ya posible hablar de casos puntuales o conductas individuales pervertidas, cuando se tiene la impresión de que solo es cuestión de tiempo para que ese político que creíamos honrado se revele como corrupto.  Y mejor que no apelemos a la  “condición humana”, que es la ultima ratio exculpatoria, porque eso es poner en entredicho nuestra propia condición.  De seguro que hay políticos y ciudadanos  honrados. Sigue leyendo

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Soy mujer y como no trabajo…

Me levanto a las 7 de la mañana, pongo el desayuno y despierto a la nena, recojo, le visto y limpio, hago lo propio conmigo, y a la calle. Al colegio de ella, a la casa de vuelta. Y a prisa, que no tengo tiempo de nada, ni un ratito si quiera para mis cosas, que tengo que encargarme de “mis labores”. Cocinar, lavar, planchar (“así planchaba, a,í así, así planchaba que yo LA vi”). Atender, escuchar, aconsejar, callar. Como no trabajo…

Pero tengo un sueldo familiar, que trae a casa el cabeza de familia ¡Ay la familia! Desde que conocí su sentido etimológico me da un poco de desconfianza: “grupo de siervos y esclavos patrimonio del jefe de la gens”…. ¿Por dónde iba? Ah, sí, qué bueno que tenemos ese sueldo familiar, que ahí estamos todos incluidos. Ah, no, bueno, no del todo; el ingreso no es mío, no se me da por un reconocimiento a mi labor, no tengo si quiera reconocimiento social por todo aquello que hago, no tengo cobertura alguna ante posibles contingencias, ni derecho a baja, paro ni jubilación. ¿Vacaciones? Ja, ja, ja. Suma y sigue… Claro, es que no cotizo, como no trabajo…
Y es que ni siquiera puedo cotizar por ello aunque quiera, aunque el sueldo que entra en casa diera como para contratarme y pagarme por las horas que hecho (a veces me pregunto si se aceptarían los sueldos actuales y si los hombres irían a trabajar tan dispuestos si tuvieran que pagar por el trabajo que necesitan para vivir y que no hacen porque están trabajando…), porque no es legal ser contratada en tu propio domicilio, ¿curioso, no? Imposible recibir así, por todo lo que doy, lo que merezco: reconocimiento, derechos, posibilidades… No, nadie me dará nada, porque es mi ámbito, mi espacio, lo privado, y por toda esa retahíla de cuentos tan bien asentados en nuestras cabezas (sobre todo en las de los cabezas de familia): son cosas que me gustan, que se me dan bien, que por naturaleza me vienen dadas (y mira que aún no he oído ningún estudio que demuestre que las manos de los hombres por genética son menos aptas para el trabajo del hogar). Sigue leyendo

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